Cómo crear personajes con una ficha útil y sencilla

El proceso de escritura suele estar compuesto por tres fases: planificación, escritura y revisión, como te explico en esta otra entrada del blog. La ficha del personaje, de la que te voy a hablar en esta entrada, suele pertenecer a la primera de estas tres fases.

También te digo que a muchos escritores, entre los que me incluyo, nos gusta dejar margen para improvisar al escribir. Y que, por tanto, muchos personajes (así como sus respectivas fichas) van añadiéndose a la historia durante el proceso de escritura.

La labor principal de una ficha del personaje, por tanto, es servirte de material de referencia. ¿Para qué? Te puede ayudar a recordar el trasfondo de un personaje, si tiene cierta cicatriz en la mejilla derecha o izquierda o cuál es su comida favorita.

Si tu historia tiene dos, tres o cinco personajes, igual te ves capaz de recordarlo todo. Pero, ¿y si tiene diez, quince o más de veinte? La cosa empieza a complicarse. Por lo que es importante tener un pequeño papel donde anotar estos y muchos otros datos que te pueden ser de utilidad.

Hacerlo, hará el proceso de revisión mucho más sencillo. También más corto, tal y como te explico en esta entrada. Lo cual, al menos para mí, es algo muy positivo, porque revisar mis historias me da mucha pereza.

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La ficha del personaje: qué, cómo y por qué

Como ya te he dicho antes, una ficha de personaje es, ante todo, una herramienta de consulta PARA TI. 

No es un documento que vayan a usar los demás. Así que no es necesario que escribas un texto digno de ser una entrada de wikipedia, salvo que a ti te resulte cómodo hacerlo de este modo.

En mi caso, no obstante, me gusta que sean simples y vayan al grano. Suelo utilizar frases cortas y párrafos de una sola línea, ya que me permite identificar la información lo más rápido posible.

Lo hago así porque, la mayoría de las veces, no necesito consultar la descripción entera de un personaje, sino un detalle como el color o la forma de sus ojos.

Muchas personas que conozco, suelen utilizar pequeñas tarjetas para elaborar estas fichas, como las de la imagen que aparece más arriba. Yo, durante bastante tiempo lo he hecho de este modo.

Desde hace unos meses, no obstante, utilizo un programa llamado Scrivener, que me permite tener en un solo archivo tanto el texto de mi libro, como todo el material de referencia, fichas de personaje incluidas.

Si quieres saber más sobre él puedes hacer clic aquí. La web está en inglés, pero el programa está en español y la prueba gratuita es bastante generosa.

¿Qué elementos debería incluir una ficha del personaje?

En mi entrada sobre cómo crear personajes, afirmo que existen  tres elementos básicos: el trasfondo, el conflicto y el objetivo.

Ya, a partir de ahí, pues puedes añadir y quitar elementos a tu ficha de personaje según te convenga.

A continuación te ofrezco una lista de elementos que puedes incluir en el modelo de ficha de personaje que vaya a utilizar. La mayoría son los que uso yo, aunque hay alguno que he decidido desechar. Más adelante te explico cuál es y el motivo.

También te propongo un modelo de ficha de personaje, bastante completo, que puedes tomar como punto de partida.

La ficha de personaje que pongo a disposición de los suscriptores del blog se basa, precisamente, en esta propuesta.

Modelo de ficha de personaje según su importancia en una historia

Si te fijas en la tabla más abajo, distingo entre tres tipos de personajes: principales, incidentales y de bulto.

Están ordenados según su importancia en la historia. No me extiendo demasiado en la explicación, ya que tengo una entrada específica dedicado a los tipos de personaje.

El motivo de que haya creado tres modelos de ficha distintos es sencillo. Desde mi punto de vista, invertir el mismo esfuerzo en la ficha de un personaje que aparece 3 capítulos y en tu protagonista es un desperdicio de tiempo, energía y creatividad.

Qué elementos puede incluir una ficha del personaje

Información básica

Si tuviera que decir qué apartado me parece más útil, te diría que este, sin lugar a dudas. Aquí es donde yo incluyo toda la información que considero básica y que, por tanto, voy a consultar muy a menudo.

Cosas como el color de ojos, que he mencionado antes, la estatura del personaje, y otros elementos físicos destacados.

Pero también otros como su, edad, su profesión, los familiares más cercanos y cualquier otro dato que en un momento pueda parecerme importante.

Por norma general, es el apartado que más expando y modifico mientras escribo.

Papel en la historia y arquetipo(s)

¿Qué planes tienes para él? Resúmelo en una o dos líneas. Puedes distinguir el tipo de personaje que es, su función en la historia o describir brevemente la relación interpersonal más importante para él.

Si utilizas la estructura de el viaje del héroe, puedes aprovechar este apartado para decir qué arquetipo (o arquetipos) asume y cómo piensas desarrollarlo.

Aspecto

Aunque en la información básica podemos haber incluido uno o dos detalles sobre el personaje, este es el apartado donde vamos a desarrollarlo. Cuánto depende del estilo de cada escritor: yo, por ejemplo, tiendo a ser bastante escueto en las descripciones de estos.

Desde mi punto de vista, debes prestarle especial atención a los rasgos más básicos del rostro de tus personajes.

Una de las normas de la escritura moderna es que debes «mostrar, no contar». Decir que «Pepi está triste» es fácil. Describir que tiene los ojos enrojecidos y que es probable que haya llorado, no obstante queda mejor.

Este recurso es, especialmente importante, si estás escribiendo una historia en primera persona. Como explico en mi entrada sobre los tipos de narrador, al ser un personaje de la propia historia, el personaje no va a saberlo todo. No podrá decir que un personaje estará triste, solo si se lo parece (y el porqué).

Un segundo apartado que puede resultar interesante, es plantearte cómo viste.

No te pido que me desgloses su armario. Puedes hacerlo, por supuesto, si te gusta la ropa y la moda.

Lo que es interesante, en cualquier, que tengas en cuenta que nuestra forma de vestir dice bastante de nuestra personalidad y nuestra vida.

Incluso en una novela de fantasía o de aventuras, no llevará el mismo equipo un personaje acostumbrado a viajar que un adolescente que huye del ejército del malo de turno después de que destruyan su aldea.

Gestos, manías y dejes

Si te fijas en la gente, te darás cuenta de que casi todos tenemos pequeños gestos que realizamos de forma involuntaria, o alguna que otra manía extraña.

Esto va desde muletillas tan molestas como el «¿sabes?» que se le cuela a la gente cuando está nerviosa, a las extrañas danzas tribales que más de uno hace en el gimnasio antes de ponerse bajo la barra para levantar cincuenta, cien o doscientos kilos.

Lo que hace que a mí, por lo menos, me guste tanto utilizar este recurso, es que da una mayor sensación de individualidad a los personajes y que favorece este «muestra, no cuentes» tan importante al escribir.

Este tipo de recurso puede, además, utilizar con distintos efectos. En la comedia romántica Kaguya-sama: Love is War, llega un punto en el que la protagonista tiene tantas dificultades para mantener la compostura delante del chico del que está enamorada, que se condiciona a sí misma para calmarse cada vez que se toca la mejilla con la mano derecha. Esto da lugar a todo tipo de situaciones (en su mayoría cómicas).

Y en Tokyo Ghoul, el protagonista tiene la mala costumbre de tocarse la barbilla cuando miente, lo cual permite al lector (y a los personajes más cercanos al protagonista) saber cuándo no dice la verdad.

Trasfondo

El primero de mis tres pilares a la hora de construir un personaje. Elabora un breve recorrido por su vida hasta ahora, centrándote en tres o cuatro elementos que consideres claves para convertirlo en la persona que es hoy. Aunque crees un apartado independiente para este, el trasfondo, el conflicto interno y la personalidad son tres elementos que van de la mano, por lo que es importante desarrollarlos de forma conjunta.

Si no tienes ideas, algunas de las preguntas que te puedes hacer sobre tu personaje a la hora de elaborar su trasfondo son las siguientes:

  • ¿Cuál es su posición social y económica?
  • ¿Cómo fue su vida familiar durante la infancia? ¿Fue sobreprotegido por sus padres? ¿Viene de una familia desestructurada?
  • ¿Qué tipo de estudios ha cursado?
  • ¿Y qué hay de sus amigos? ¿Tiene muchos? ¿Cuál es su relación con ellos?
  • ¿Ha tenido parejas en el pasado? ¿Cómo fue su experiencia en pareja, y qué causó la ruptura?
  • ¿Trabaja? ¿Qué tipos de trabajos ha tenido en el pasado?
  • ¿Tiene inclinaciones políticas? ¿Está comprometido con alguna causa en concreto?

Conflicto externo

El conflicto externo hace referencia a toda aquella fuerza externa que se opone a un personaje. Puede tratarse del antagonista y sus subordinados, de otros personajes, pero también de una circunstancia. Podría, por ejemplo, ser una ley injusta o la mentalidad de una sociedad que desprecia a cierto personaje, tal y como explico en la entrada que dedico a este tema.

Por norma general, el conflicto externo y el conflicto interno suelen ir de la mano. Uno de los objetivos del conflicto externo es sacar a relucir el defecto de nuestro protagonista y obligarle a hacerle frente. Conseguir superarlo o no, ya es cosa tuya. 

Habitualmente, el conflicto externo del protagonista conforma la trama principal de la historia. No todos los personajes tienen que tener un conflicto externo propio, aunque se puede utilizar el de aquellos que lo tengan para crear subtramas, historias paralelas a la principal y por lo general más escuetas.

Conflicto interno

Si el conflicto externo constituye el núcleo de la acción de la historia, el conflicto interno es su núcleo emocional. Ya te dediques al marketing, la escritura creativa, vender pisos o a engañar votantes, las emociones son una de las formas más efectivas de ganarte a tu público.

El conflicto interno es una herramienta que sirve para humanizar a los personajes de una historia. Al volverlos imperfectos, resulta más sencillo empatizar con ellos y, una vez el lector sentirá sus éxitos como propios.

La realidad, es que la mayoría de las personas queremos creer que cambiar y superar nuestros defectos es posible. Debido a esto, los lectores tienden a establecer un vínculo emocional con aquellos que se esfuerzan por conseguirlo. Estas son dos formas habituales de hacerlo:

  • El conflicto interno de los personajes es algo próximo a los problemas que suele tener el público al que te diriges. Al crear personajes similares a la audiencia, es más fácil empatizar con ellos.
  • El personaje es un desgraciado, pero es consciente de ello y se esfuerza por redimirse y cambiar. Un buen ejemplo es Jamie Lannister de Juego de Tronos. Los éxitos de este tipo de personajes suele hacer pensar al lector un «si él puede, ¿por qué yo no?»

Objetivo

Aquí la cosa se complica un poco. No demasiado, tampoco quiero asustarte.

Aún a riesgo de pillarme los dedos, voy a decir que todas las personas, así como todos los personajes, tienen un objetivo o una meta.

A veces son cosas concretas. Al principio de Guardianes de la Ciudadela, Axlin quiere crear un bestiario que reúna información sobre todos los monstruos del mundo. Esto la lleva a abandonar su aldea y viajar.

Pero también existen, no obstante, personajes que no tienen objetivos tan explícitos o tan materiales. A veces, una persona o un personaje puede buscar algo tan simple como sentirse querido o un propósito, el que sea, para dar a su vida de sentido después de una crisis de identidad.

También debes tener en cuenta, que los objetivos no son algo estático.

Pueden cambiar. O, si no cambian, pueden acabar en un segundo plano cuando el protagonista adquiere unos nuevos.

Personalidad

Aunque he utilizado este apartado durante mucho tiempo, recientemente he decidido prescindir de él.

Desde mi punto de vista, entre el trasfondo, el conflicto interno y el objetivo, tengo bastante. Combinar estos tres elementos me dan una visión básica sobre la forma de ser y de comportarse del personaje y, a partir de ahí, hago que evolucione según considere más lógico.

Sí que es cierto, que tengo unas líneas maestras, pero me gusta darme libertad en este apartado.

Ahora bien. Que me funciona a mí, no significa que vaya a ser igual en tu casa. Mi consejo, si quieres incluir este apartado en tu ficha del personaje es que distingas entre dos personalidades distintas la personalidad más superficial y la más profunda.

La personalidad superficial se correspondería con la actitud y el comportamiento del personaje de puertas para fuera. La parte de sí mismo que muestra al resto del mundo. Por otra parte, la profunda se correspondería con aquellos elementos que no muestra con tanta facilidad.

Crear esta distinción suele ser importante, ya que las personas no nos comportamos igual en el trabajo, con nuestros amigos o nuestra pareja. Esta distinción no significa que tengas que crear a dos personajes diferentes. Algunas personas son más reservadas que otras. Pero plantearte este tipo de cuestiones es importante a la hora de crear personajes complejos.

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En resumen...

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