Los tipos de personaje según su importancia en una historia

Al hablar de tipos de personaje lo más habitual es lanzar a quien te esté escuchando un montón de palabras que suenan a griego. Se habla de protagonista, deuteroagonistas, antagonistas y muchas otros más.

Y está bien. Pero antes de hablar de toda esta gente tan rara, es mejor empezar por una clasificación mucho más básica. Aquí vamos a hablar de personajes principales, secundarios y personajes de planos. 

En mi entrada sobre cómo crear personajes, te expliqué que había tres factores clave para planificar uno bien hecho: un conflicto, un trasfondo y un objetivo.

Lo cual está muy bien, sí. Pero también es importante que te plantees quién es importante. Y que, al planificar tu historia, no le dediques el mismo tiempo a tu personaje principal que a un personaje que solo aparece en dos capítulos.

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Este tipo de personajes son aquellos con los que tu lector va a pasar más tiempo. Los que van a tener dedicadas más capítulos y páginas del libro, las personalidades más desarrolladas y los que van a tener un mayor impacto en la trama de la historia que estás escribiendo.

En el caso de un relato, habrá muy pocos personajes principales. Conforme esta vaya creciendo, no obstante, es probable que te entre la tentación de añadir más personajes de este tipo.

Protagonista

El protagonista es probablemente el personaje más importante de una historia. O, al menos, es el personaje con el que el lector va a pasar la mayor parte del tiempo. Así que vamos a prestarle mucha atención.

Al igual que el resto de personajes principales de una historia, es importante que el protagonista contengan los tres elementos que mencioné en el apartado anterior. Un trasfondo, un conflicto y un deseo. Es muy importante establecer estos tres elementos, ya que la estructura básica de una historia se construye de la siguiente manera:

Como ves, cada uno de estos tres elementos puede ser la base sobre la que construimos uno de los actos de una novela, que explico en profundidad en esta entrada.

Aunque existen tantos protagonistas distintos como historias se han escrito, a continuación voy a incluir enumerar una lista de tipos de protagonistas bastante comunes y recurrentes.

Tipos de personajes protagonistas

Deuteroagonista

Se trata del más fiel aliado del protagonista: Sancho Panza en Don Quijote, Watson en Sherlock Holmes o Ron y Hermione en Harry Potter. Tienen una gran importancia en la historia y su trasfondo y su personalidad suelen haberse desarrollado para complementar al protagonista de un modo u otro.

Por ejemplo, Watson es vital en las novelas de Sherlock Holmes porque permite a la audiencia entender las pesquisas del detective. Uno de las principales funciones de este personaje consiste en hacerle preguntas, facilitando así sus averiguaciones al lector.

En Harry Potter, por poner un ejemplo más actual, ambos personajes cumplen papeles distintos. Hermione es un personaje de gran inteligencia y curiosidad, que hacen que devore información sobre cualquier tema relacionado con el mundo mágico que encuentre. Esto permite a J.K. Rowling emplearla para explicar muchos conceptos e instrumentos del mundo mágico. Además, su origen sirve de vínculo entre el protagonista y el mundo muggle.

Ron, por otra parte, es utilizado a menudo como alivio cómico, aunque su papel no termina ahí. Pese a que Hermione posee una gran cantidad de conocimiento sobre magia, sus orígenes muggle limitan sus conocimientos sobre la cultura y sociedad mágica. Ron, al pertenecer a una familia de magos, puede ofrecer información en las situaciones que se escapan a Hermione. La conexión de su familia con el mundo mágico, además, permite al trío protagonista asistir a eventos como los Mundiales de Quidditch.

Al crear deuteroagonistas, por tanto, es importante tener en cuenta cómo es nuestro protagonista y pensar en personajes que puedan suplir sus carencias.

Antagonista

Crear un antagonista memorable es, desde mi punto de vista, una tarea mucho más complicada que crear un protagonista. A diferencia de este, la exposición del lector al antagonista tiende a ser mucho más limitada. Su oposición al personaje principal, además, predispone a tus lectores a verlo como alguien desagradable.

Para comprender qué es lo que hace que un antagonista sea eficaz, la mejor herramienta es analizar qué ha vuelto memorables a algunos de los grandes villanos de la historia del cine y la literatura.

Como primera aproximación a la hora de crear un antagonista (o cualquier personaje), puede resultar útil recurrir al sistema de alineamiento del juego de rol Dragones y Mazmorras. Probablemente ya lo conozcas, dado que hace años Internet se llenó de memes que clasificaban personajes (y comportamientos de la gente), en esta característica cuadrícula de nueve casillas. Esta entrada de Xataka desmenuza bastante bien su funcionamiento.

Sin embargo, y aunque nos puede servir de referencia, no debemos quedarnos ahí. Un personaje que siempre actúa siguiendo pautas muy estrictas puede resultar aburrido, sea cual sea su función. Por ello, una vez hemos realizado esta aproximación, debemos hacernos una serie de preguntas.

  • ¿Qué tipo de oposición mantiene con el protagonista? ¿Es una cuestión ideológica? ¿Es una desaveniencia personal? ¿Poseen el mismo objetivo?
  • ¿Cuál es la relación que mantiene con el protagonista? ¿Cuál considerarías que es la emoción principal que siente hacia el protagonista? ¿Y viceversa?
  • ¿Qué tipo de amenaza supone este personaje para el protagonista? ¿Cuál es la intensidad de esta amenaza? ¿Cuáles serían las consecuencias de un fracaso?
  • ¿Cuáles son los puntos fuertes del antagonista? ¿Y sus debilidades?

Crear un trasfondo, un deseo y un conflicto es, a fin de cuentas, tan importante en el antagonista como en cualquier otro personaje. Responder estas preguntas, y desarrollarlo del mismo modo que a otros personajes es de vital importancia.

Personajes secundarios

Este tipo de personajes tienen cierta importancia en la historia y son necesarios para crear un mundo creíble. Mi recomendación es que, al menos a los más importantes, sí les des un trasfondo que te ayude a justificar sus acciones.

Si reciben un conflicto y un objetivo, no obstante, dependerá de lo larga que vaya a ser la historia. Llenar una novela de cien páginas con tropecientas subtramas probablemente no sea una gran idea.

Personaje incidental

Este personaje todavía tendría cierta importancia dentro de la trama, así como profundidad psicológica y posiblemente su propia evolución a lo largo de la historia, pero no se centra tanta atención en él. Hagrid, por ejemplo, sería un personaje incidental en Harry Potter.

Normalmente, los personajes incidentales son mentores, amigos, familiares u otros personajes cercanos al protagonista. Dado que sí tienen profundidad psicológica, debes tener claro los tres elementos que hemos mencionado antes, incluso si no vas a incorporarlos de forma explícita. Como siempre, cuanto más sepas de tus personajes, más reales van a parecerte cuando los escribas.

Otra gran diferencia, entre un deuteroagonista y un personaje incidental, es la cantidad que puede haber en una obra. Rara vez vas a ver una novela o película que tenga más de tres deuteroagonistas (excluyendo, por supuesto, novelas río como Canción de hielo y fuego o las trilogías de Los pilares de la tierra y The Century the Ken Follet).

El principal motivo es una cuestión práctica. Cuantos más personajes hacen acto de presencia en una escena, más difícil se vuelve hacer avanzar la historia y elaborar buenos diálogos. Por ello, cuando construyas una escena con cuatro o más personajes, te recomiendo decidir previamente quiénes van a llevar la voz cantante.

Personaje de bulto

Una tipo de personaje de menor importancia que los incidentales. Estos personajes todavía gozan de cierta profundidad psicológica, aunque su evolución a lo largo de la historia será prácticamente nula y sus apariciones mucho más limitadas. Seguiría siendo interesante elaborar una ficha para este tipo de personaje, para que puedas anotar su nombre y cierta información básica. Hacerlo te ayudará a evitar inconsistencias, como que tenga los ojos de un color distintos en el capítulo 8 y el 14.

¿Más allá de eso? No te compliques.

Draco Malfoy, durante buena parte de las novelas de Harry Potter, es un personaje de bulto. Si lo piensas, tampoco tiene mucha profundidad. Es pijo, es repelente, odia a los protagonistas y su padre le da collejas. Poco más.

En la sexta y séptima novela, no obstante, recibe una mayor atención que podría llevarle a ascender al puesto de personaje incidental.

Personajes planos

Este tipo de personajes viene a ser los extras del cine de toda la vida. O esos personajes que, en un juego, se pasean por la aldea repitiendo la misma frase y no te ofrecen ni una triste misión secundaria.

Su importancia en la historia es muy limitada, por lo que no suele ser necesario hacer una ficha para estos personajes, aunque sí puede ser interesante tomar notas sobre algunos de sus rasgos más característicos (viene de buena familia, es glotón, se enfada fácilmente, es muy bueno en X deporte, saca malas notas…).

Los dos matones con los que suele ir Draco Malfoy en las novelas y películas de Harry Potter serían buenos ejemplos de personajes planos. Piensa, ¿cuánto sabes de ellos? Bastante poco, ¿verdad? Pues eso.

¿Cuántos personajes debería incluir en mi historia?

Por norma general, depende de lo larga que vaya a ser la historia que estás escribiendo. Si es una novela, también del género. A la hora de decidir a quién das profundidad y a quién no, también es importante pensar en la longitud.

Si estás pensando, por ejemplo, en escribir un cuento de una o dos páginas, lo más probable es que solo tengas espacio suficiente para desarrollar al protagonista. Y, si te lo montas muy bien, tal vez a un personaje más.

En el caso de que estuvieses escribiendo una novela corta, tal vez puedas permitirte el lujo de incluir un deuteroagonista y uno o dos personajes incidentales, si bien no tienes por qué desarrollarlos tanto como al protagonista. Es lo que hice en Max Magnus y el caballero errante.

Conforme la novela va creciendo, es probable que sientas la necesidad de ascender a algunos de tus personajes planos a personajes de bulto y a algún personaje de bulto a incidental.

Por otra parte, no todos los géneros requieren de un antagonista. Una novela romántica, por ejemplo, no necesita de un personaje que pelea con el protagonista por las atenciones de su interés romántico. En lugar de ser un único personaje el que se oponga a él, este rol puede recaer en distintos personajes incidentales o de bulto a lo largo de la historia. E incluso si decides incluirlo, no siempre tendría que tratarse de una persona. También podría tratarse, por ejemplo, de un prejuicio o de una ley como la que prohibía durante buena parte del siglo XX los matrimonios interraciales en Estados Unidos, como te explico en mi entrada sobre el conflicto.

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